Sura al-Qasas, 28:38

La palabra “Haman” en el Corán

El Corán relata la vida del Profeta Moisés (P) con gran claridad. En tanto comunica el conflicto que tuvo con Faraón y el trato de éste con los Hijos de Israel, nos da una riquísima información sobre el Egipto antiguo.

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El Corán relata la vida del Profeta Moisés (P) con gran claridad. En tanto comunica el conflicto que tuvo con Faraón y el trato de éste con los Hijos de Israel, nos da una riquísima información sobre el Egipto antiguo. Hace poco tiempo que el contenido de muchos de esos relatos históricos ha llamado la atención de los entendidos. Al considerárselos apropiadamente enseguida es evidente que lo que anuncia el Corán ha sido revelado por Dios, el Omnisciente, pues es absolutamente coherente con los mayores descubrimientos arqueológicos, históricos y científicos de la actualidad.

La palabra “Haman” en el Corán

Un ejemplo de ello se puede encontrar en las referencias que hace el Corán sobre Hamán y Faraón. En seis lugares distintos del mismo se informa que el primero era uno de los aliados más cercanos del segundo.

Resulta sorprendente que el nombre “Hamán” se mencione en la Torá sólo en los últimos capítulos del Antiguo Testamento como colaborador del rey de Babilonia, quien infligió muchas crueldades a los israelitas unos mil cien años después del Profeta Moisés (P), y no vinculado a la vida de éste. En cambio el Corán, completamente coincidente con los recientes descubrimientos arqueológicos, sí vincula a uno y otro.

Las críticas hechas al Libro del Islam por algunos no musulmanes fueron desechadas al descifrarse hace unos 200 años un jeroglífico egipcio donde aparece el nombre “Hamán”. Los escritos e inscripciones del antiguo Egipto no pudieron ser comprendidos hasta el siglo XVIII. El idioma de aquella época constaba de símbolos antes que de palabras, es decir, de jeroglíficos. Muchos de éstos, normalmente gravados sobre roca o piedra, que relatan historias y sucesos importantes, sobrevivieron hasta nuestros días. Los egipcios abandonaron sus creencias y escritura antigua con la expansión del cristianismo y otras influencias culturales en los siglos II y III. El último jeroglífico que se habría grabado data del año 294 aC. La gente se fue olvidando del significado de esas figuras talladas hasta el punto que no quedó nadie que las comprendiese o leyese. Esto llevó a que el estudio histórico y arqueológico prácticamente se estanque y esa situación permaneció así hasta hace algo más de dos siglos.

Para deleite de los historiadores y otros estudiosos, en 1799 se pudo resolver el misterio de esos jeroglíficos gracias al hallazgo de una tabla llamada “Piedra Roseta”, la cual se remonta al año 196 aC. Lo importante de la misma es que está grabada con tres tipos distintos de signos: jeroglífico, demótico (forma simplificada de la antigua escritura egipcia hierática) y griego. Con la ayuda de este último fueron decodificados los lenguajes con jeroglíficos. La traducción fue completada por el francés Jean-Françoise Champollion. De ese modo se conocieron una lengua desparecida y sucesos correspondientes a la religión, vida social y cultura de aquella gente, lo cual abrió las puertas a un mayor entendimiento de esa importante época de la historia humana.

Aunque el nombre “Hamán” fue asignado a un monumento en el Museum Hof de Viena, la decodificación mencionada permitió saber algo importante, es decir, que aparece en las antiguas inscripciones egipcias e indica la estrecha relación entre Hamán y Faraón.1

En el Diccionario “Pueblo del Nuevo Reino”, preparado en base a todas las inscripciones, se dice que Hamán es “el jefe de los trabajadores de la cantera de piedra”.2

Como resultado de ello se reveló una verdad muy importante: a diferencia de las falsas afirmaciones de quienes se oponen al Corán, Hamán fue una persona que vivió en Egipto en la época del Profeta Moisés (P), fue alguien muy cercano a Faraón y estaba involucrado en la construcción de obras, como lo comunica el Libro del Islam.

وَقَالَ فِرْعَوْنُ يَٰٓأَيُّهَا ٱلْمَلَأُ مَا عَلِمْتُ لَكُم مِّنْ إِلَٰهٍ غَيْرِى فَأَوْقِدْ لِى يَٰهَٰمَٰنُ عَلَى ٱلطِّينِ فَٱجْعَل لِّى صَرْحًۭا لَّعَلِّىٓ أَطَّلِعُ إِلَىٰٓ إِلَٰهِ مُوسَىٰ وَإِنِّى لَأَظُنُّهُۥ مِنَ ٱلْكَٰذِبِينَ ۝٣٨

Faraón dijo: “¡Dignatarios! Yo no sé que tengáis a ningún otro dios que a mí. ¡Hamán! ¡Cuéceme unos ladrillos y hazme una torre! Quizás, así, pueda llegarme al dios de Moisés. Sí, creo que miente”.
Sura al-Qasas, 28:38

Este versículo en el que Faraón pide a Hamán que construya una torre, concuerda perfectamente con los descubrimientos arqueológicos. Gracias a ello se demostraron falsas e intelectualmente menospreciables las suposiciones irracionales de los contrarios al Corán.

De un modo milagroso, el Libro del Islam nos da información de la época del Profeta Moisés (P) que no se podía tener o comprender en tiempos del Profeta Muhammad (PB). La información no fue obtenida de fuentes egipcias porque los jeroglíficos no pudieron ser descifrados hasta fines de 1700. En consecuencia, al descubrirse el nombre Hamán en los grabados antiguos, se acrecentó la prueba de la infalibilidad de la palabra de Dios.

Notas

  1. Walter Wreszinski, Aegyptische Inschriften aus dem K.K. Hof Museum in Wien (Egyptian Inscriptions from the K.K. Hof Museum in Vienna), (Leipzig: J C Hinrichs'sche Buchhandlung: 1906). ↩
  2. Hermann Ranke, Die Ägyptischen Personennamen, Verzeichnis der Namen (The Egyptian Family Names, Listing of the Names), Verlag Von J J Augustin in Glückstadt, Band I,1935, Band II, 1952. ↩

Referencias coránicas