Sura al-Hijr, 15:22
Los vientos fecundantes
El carácter “fecundante” de los vientos y la consecuente formación de la lluvia son mencionados en un versículo del Corán de esta forma:
El carácter “fecundante” de los vientos y la consecuente formación de la lluvia son mencionados en un versículo del Corán de esta forma:

وَأَرْسَلْنَا ٱلرِّيَٰحَ لَوَٰقِحَ فَأَنزَلْنَا مِنَ ٱلسَّمَآءِ مَآءًۭ فَأَسْقَيْنَٰكُمُوهُ وَمَآ أَنتُمْ لَهُۥ بِخَٰزِنِينَ ٢٢
Nosotros enviamos los vientos fecundadores, y así hacemos descender agua del cielo con que os damos de beber...
En este versículo se señala que la primera etapa en la formación de la lluvia le corresponde al viento. Hasta principios del siglo XX la única relación entre el viento y la lluvia era la ya conocida, que el viento empujaba las nubes. Sin embargo los modernos hallazgos en meteorología han demostrado el rol “fecundante” del viento en la formación de la lluvia.
Como explicamos antes, esta función fecundante del viento opera de la siguiente forma:
En virtud de la capacidad que tiene el agua, de generar espuma se forman en la superficie de los océanos innumerables burbujas que, al estallar, liberan en el aire minúsculas partículas, con un diámetro de un centésimo de milímetro. Estas partículas conocidas como “aerosoles” se mezclan con el polvo arrastrado de la tierra por el viento, son transportadas a las capas superiores de la atmósfera y entran en contacto con el vapor de agua, el cual se condensa alrededor de las mismas. De esa manera se forman las gotitas de agua que primero se juntan formando nubes y luego caen al suelo en forma de lluvia.
Como puede verse los vientos “fecundan” el vapor de agua, que flota en el aire, con las partículas que arrastran desde el mar y eventualmente coadyuvan a la formación de las nubes de lluvia.

Si los vientos no poseyeran esta propiedad jamás se formarían las gotitas de agua en la atmósfera superior, y no existiría algo como la lluvia.
El punto más importante aquí es que este rol crítico del viento en la formación de la lluvia fue expuesto hace siglos en un versículo del Corán, en una época en que la gente sabía muy poco sobre los fenómenos naturales.
El versículo provee más información acerca de la cualidad fertilizadora del viento al referirse a su papel en la polinización de las flores. Muchas plantas dispersan su polen por medio del viento para asegurarse la supervivencia de la especie. Hasta ahora se desconocía que diversas plantas como el pino, la palmera, etc., con flores y semillas, así como cierta variedad de hierbas, son polinizadas en su totalidad por el viento al llevar éste el polen de una planta a otra de la misma especie. Cuando se comprobó que las plantas se dividen en machos y hembras, se descubrió también el papel del viento. Esta realidad ya estaba señalada en el Corán:
ٱلَّذِى جَعَلَ لَكُمُ ٱلْأَرْضَ مَهْدًۭا وَسَلَكَ لَكُمْ فِيهَا سُبُلًۭا وَأَنزَلَ مِنَ ٱلسَّمَآءِ مَآءًۭ فَأَخْرَجْنَا بِهِۦٓ أَزْوَٰجًۭا مِّن نَّبَاتٍۢ شَتَّىٰ ٥٣
(Quien os ha) hecho bajar agua del cielo. Mediante ella, hemos sacado toda clase de plantas.


