Sura Al ‘Imran, 3:137
Hallazgos arqueológicos de la ciudad de Iram
A comienzos de 1990 aparecieron titulares en importantes periódicos con frases como “Ha sido descubierta una legendaria ciudad árabe perdida”, “Se ha encontrado la ciudad árabe de la leyenda”, “Ubar, la Atlántida de las arenas”.
A comienzos de 1990 aparecieron titulares en importantes periódicos con frases como “Ha sido descubierta una legendaria ciudad árabe perdida”, “Se ha encontrado la ciudad árabe de la leyenda”, “Ubar, la Atlántida de las arenas”. Lo que ha vuelto más sorprendente este hallazgo arqueológico es el hecho de que esta ciudad estaba también citada en el Corán. Muchas personas que pensaban que el pueblo de ‘Ad mencionado en el Corán era una leyenda o que su localización jamás sería encontrada, no podían ocultar su asombro ante este descubrimiento. El hallazgo de esta ciudad, que sólo era recordada en las tradiciones orales de los beduinos, despertó gran interés y curiosidad.

Fue Nicholas Clapp, un arqueólogo aficionado, quien encontró esta legendaria ciudad a la que el Corán hace mención. Como amante de la civilización árabe y premiado director de documentales, Clapp se había topado con un libro muy interesante durante sus investigaciones de la historia de los árabes. Ese libro era “Arabia Felix” escrito por el investigador inglés Bertram Thomas en 1932. “Arabia feliz” era el nombre que los romanos le daban al extremo sur de la Península Arábiga que hoy incluye al Yemen y parte de Omán. Los griegos llamaron a esa área “Eudaimon Arabia”, en tanto que los eruditos árabes del medioevo la denominaron Al-Yaman as-Sa’eed1 .
Todos esos nombres significan “Yemen Feliz” porque la gente que vivía en la región por lo general era intermediaria del lucrativo negocio de especies entre la India y zonas del norte de la península arábiga. Además, los habitantes de esa zona distribuían una resina aromática de ciertos árboles llamada “incienso”.
El investigador inglés Thomas describió extensamente a esas tribus y afirmó que encontró los rastros de una ciudad antigua fundada por una de ellas.2
Los beduinos, que la conocían por el nombre de “Ubar”, mostraron a Thomas huellas antiguas y dijeron que conducían a la misma. Aunque el inglés exhibió un gran interés en el asunto, murió antes de completar su investigación.
Clapp, que examinó lo que había escrito el investigador inglés, estaba convencido de la existencia de la ciudad perdida descripta en el libro. Sin perder tiempo comenzó su búsqueda.
Se valió de dos procedimientos para probar la existencia de Ubar. Primero ubicó las sendas mencionadas por los beduinos y recurrió a la NASA para obtener imágenes satelitales del área, cosa que logró después de una larga tarea de persuasión a sus autoridades.3
Clapp siguió con el estudio de manuscritos y mapas antiguos en la Biblioteca Huntington, de California. Después de una breve búsqueda encontró un mapa de la región trazado por el conocido geógrafo grecoegipcio Ptolomeo en el 200 d.C., en el que figuraba la ubicación de una antigua ciudad y los caminos que conducían a ella.
Entretanto recibió noticias de que la NASA había tomado las fotos solicitadas, donde se distinguían algunos senderos de caravanas difíciles de identificar a simple vista y sólo apreciables en su totalidad desde el cielo. Clapp llegó al resultado que anhelaba: comparando estas fotos con el viejo mapa que tenía en sus manos, los senderos se correspondían y confluían en un amplio solar donde se presumía que alguna vez hubo una ciudad.

Finalmente, gracias al trabajo iniciado por Thomas, seguido por Clapp y la ayuda de la NASA, se descubrió la ubicación de esa urbe legendaria que era tema de la tradición oral de los beduinos.
Poco después se dieron inicio a las excavaciones y empezaron a quedar expuestos los restos del poblado. Por eso se la describió como “Ubar, la Atlantis de las Arenas”.
Ahora bien, ¿qué fue lo que probó que se trataba del lugar habitado por el pueblo de ‘Ad, como lo expresa el Corán?
El Dr. Zarins, miembro del equipo de investigadores, dijo que la prueba más contundente fue suministrada por las estructuras peculiares o distintivas desenterradas, es decir las torres o pilares de Iram. El Corán menciona esto como sigue:
أَلَمْ تَرَ كَيْفَ فَعَلَ رَبُّكَ بِعَادٍ ٦ إِرَمَ ذَاتِ ٱلْعِمَادِ ٧ ٱلَّتِى لَمْ يُخْلَقْ مِثْلُهَا فِى ٱلْبِلَٰدِ ٨
¿No has visto lo que hizo tu señor con (el pueblo de) ‘Ad, de la ciudad de Iram, la de las columnas, como no se creó otra igual en todo el país?
Como vimos, la información provista por el Corán acerca de los sucesos de la antigüedad confirma la información producto de la investigación, lo cual es otra evidencia de que el Libro del Islam es la Palabra de Dios.
Notas
- Kamal Salibi, A History of Arabia (Caravan Books: 1980). ↩
- Bertram Thomas, Arabia Felix: Across the "Empty Quarter" of Arabia, (New York: Schrieber's Sons: 1932), 161. ↩
- Charlene Crabb, “Frankincense”, Discover, January 1993. ↩


